Si tienes el cabello rizado, ondulado o afro, seguro ya lo notaste: por más aceite o crema que te apliques, a las pocas horas tus puntas vuelven a sentirse resecas. No es que no te estés cuidando. Es que la cutícula de tu cabello — la capa externa que debería sellar la hidratación adentro — está abierta o dañada, y deja que todo se evapore casi al instante.
Se agrava con lo de siempre: planchas, tintes, peinados tirantes, el sol. Cada uno de esos golpes levanta un poco más la cutícula, hasta que ningún producto "de superficie" alcanza a compensarlo. El resultado: cabello opaco, puntas que se abren aunque las cortes seguido, y una sensación de que "nada funciona" — cuando en realidad nunca llegó nada a la raíz.